Un día el mundo se acabo. La gente ya no salía a la calle, tenían miedo de algo desconocido, un poderoso sentimiento de peligro y de desconfianza llenaban el corazón de las personas, llegando hasta el punto, que no salían de sus casas. Taparon las ventanas y las puertas con tablas de madera, solo dejaban un poco de luz, para los propios huertos que ellos plantaban dentro de sus hogares, algunos de asfixiaban con el olor repugnante de sus propias heces al no salir para limpiar, otros morían de hambre al no tener las plantas suficiente luz para poder crecer, pero ninguno salía a la calle, por miedo de ver a los demás, por miedo de que estos les hiciera algo. En una de las muchas casa donde la vida se había convertido en una prisión, una muchacha vivía sola, su madre ya muerta por una infección que no quiso curarse y su padre muerto antes de que a la gente se le fuera la cabeza. Ella vivía sola, sola con suficiente comida, así que hambre no pasaba, pero todo el tiempo de su vida, ha sido un desperdicio y lo único que había aprendido, había sido ha cantar, ha tocar, había aprendido el poder de la musica. Pero que musica iba a tocar si no conocía ninguna fuera de ese lugar, había aprendido como si fuera una cosa única el rap y como mucho el canto a cappella. Algo que ella creía especial, autentico y de solo ella, cuando si salía de un mundo vería que ya estaba inventado. Tanto llego la obsesión de la muchacha que soñaba despierta con la musica, llenando toda su casa de notas, llenando el silencio con cantos y llenando sus días con melodías. Tanto llego su obsesión, que salió de casa, salió de allí y vio el sol en su máximo esplendor, salió y vio la naturaleza como había poco a poco ganando terreno a la tierra, salió y escucho la mejor musica que nunca podría escuchar. La de la vida y la de la libertidad unidas por siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario