Aburrida estaba yo en clase, cuando una ventana se abrió de repente, provocando el estupor de la clase, un joven vestido de pantalones vaqueros y sudadera negra que impedía ver su cabello o su rostro, puesta la capucha, un poco más grande de lo normal. Pero lo que en verdad me llamaba la atención era como un joven había podido abrir una ventana que se encontraba en el tercer piso del instituto. Saltó la distancia de la ventana al suelo, entrando a la aula, caminando como si el fuese el jefe del lugar. Se detuvo delante mía. Me miró y yo le mire. En verdad no vi nada en él, solo oscuridad, una total y absoluta oscuridad que me produjo un sentimiento triste; pero nostálgico. Quizás fuera esta nostalgia la que me hizo cogerle de la mano cuando me la ofreció, levantándome y yendo hacía la ventana junto con él. Quizás fuese la tristeza la que me hizo saltar desde un tercer piso, con un chico que parecía ser la oscuridad. Pero de algo si estaba segura. Fue la esperanza la que me hizo creer que podría volar. Aunque como bien dijeron los ángeles en su momento:
"Demasiada esperanza, mata."
Y así fue como yo morí. Los demás cuentan mi muerte como la loca que se tiro por la ventana en mitad de la clase. Yo lo veo como la persona que voló con un ángel.