Se rumoreaba por el pueblo que la luna era de queso, se rumoreaba por el mundo que la luna era de pan, se rumoreaba por el planeta, que la luna se podía comer. Aunque los rumores seguían, nadie se paraba a comprobarlos, simplemente, seguían rumoreando. Pero hubo una pequeña jirafa, que no quiso seguir escuchando, quiso actuar, así que decidió juntar muchas cosas encimas de otras para poder llegar hasta la luna y deshacer los rumores sobre la luna.
Primero fue donde los humanos y le pidió las mesas, estos les miro extrañado y se los negó, la pobre jirafa, recibiendo una negativa desde el principio, se sentó en la acera enfrente de una de las casas de los humanos, suspirando estando a punto de llorar, se comenzaron a abrir las puertas de las casas, saliendo niños junto con sus mesitas para llevársela a la jirafa, juntos alinearon las mesitas debajo de la luna. Después fue donde los animales, como siempre, los adultos les miraron raro, pero los niños, curiosos y soñadores, les ofrecieron todo lo que tenían, así poco a poco y al cabo de una semana, la jirafa comenzó a trepar por la montaña de cosas que había amontonado hasta que llego a la luna ¿Y a que no sabéis que? La luna era de algodón de azúcar. La pobre jirafa no pudo dejar de comerla y cuando por fin paro, solo quedaba la mitad.
-Fin-
No hay comentarios:
Publicar un comentario